sábado, 30 de octubre de 2010

La biblioteca en la sala de nivel inicial

por Laura Alonso





Si pretendemos “hacer de la escuela un ámbito donde lectura y escritura sean prácticas vivas y vitales, donde leer y escribir sean instrumentos poderosos que permitan repensar el mundo y reorganizar el propio pensamiento, donde interpretar y producir textos sean derechos que es legitimo ejercer y responsabilidad que es necesario asumir” (D. Lerner, 2001) es necesario profundizar y enriquecer la formación de los niños como lectores críticos y autónomos, entendiendo que ese proceso requiere de un aprendizaje mediado culturalmente por docentes lectores que los acompañen a lo largo de toda la escolaridad y en todas las áreas disciplinares del conocimiento para que aprendan a valerse de esa práctica como una herramienta imprescindible no sólo para estudiar y para disfrutar, sino también para ejercer un derecho sociocultural básico para el libre desenvolvimiento de sus potencialidades y de su ciudadanía .


En ese marco, es preciso aunar y ampliar los esfuerzos para desarrollar el hábito lector en los niños desde la más tierna edad. En este sentido, proponemos organizar la biblioteca de la sala de nivel inicial como un entorno facilitador del gusto por leer, hablar, escuchar y escribir con distintos fines y propósitos comunicativos. Para poner en funcionamiento esta biblioteca sugerimos organizar un rincón o espacio agradable y familiar dentro de la sala, donde cada niño/a encuentre “su lugar” e integre los libros a su experiencia cotidiana de manera natural. Estas son algunas propuestas que pueden colaborar con la organización del lugar:


Ambientación de la biblioteca


Para ambientar el lugar sugerimos:

• Ubicar el mueble-biblioteca en un lugar accesible a los chicos considerando las posibilidades de espacio y mobiliario de cada sala, la cantidad de alumnos y las características del grupo.

• Crear un ambiente cálido, estimulante, flexible y dinámico con alfombras, almohadones, mobiliario al alcance de los niños y otros elementos confortables que inviten a explorar los libros y a participar en distintas prácticas de lectura. Las familias de los niños pueden colaborar aportando materiales, pintando carteles, forrando cajas, confeccionando almohadones o una alfombra con retazos de tela.

• Disponer paneles cercanos a la biblioteca para ubicar el reglamento de uso y cuidado de los libros. Además se pueden colocar carteleras o un diario mural para brindar información sobre las actividades de lectura que se desarrollan en la sala, en la escuela y en la comunidad; registrar los libros más solicitados y las recomendaciones de lectura de los lectores; sugerir estrategias para que los padres estimulen el hábito lector; exponer los trabajos que los niños realizan en torno a la lectura (ilustraciones, comentarios y recomendaciones bibliográficas), entre otros.

• Seleccionar el nombre de la biblioteca junto con los chicos y elaborar un cartel en conjunto para favorecer la identificación y apropiación afectiva del lugar.

• Ubicar los libros, las revistas, catálogos, diarios y otros portadores de textos al alcance y a la vista de los niños para motivar su curiosidad y satisfacer su necesidad de lectura. En este punto, se recomienda no forrar los libros y colocar la carátula de frente para que cada uno pueda realizar su propia elección. En este sentido es importante destacar que los elementos paratextuales colaboran con la selección autónoma del material.

• Enriquecer la biblioteca con libros informativos, revistas, diarios, historietas, folletos ilustrados que contengan información sobre diferentes lugares del país y del resto del mundo, folletos relacionados con el cuidado de la salud y del medio ambiente, ediciones ilustradas de la Convención Internacional de los Derechos del Niño publicadas por el Ministerio de Educación de la Nación y por Unicef, diccionarios y enciclopedias, manuales de Educación Vial, y todas aquellas publicaciones que los adultos consideren como saberes necesarios para la defensa de sus derechos y la construcción de ciudadanía.

• Incorporar distintos materiales que animen la lectura como bolsilleros o ficheros de poesías; títeres, máscaras y accesorios para juegos dramáticos; juegos de construcción y de reglas convencionales; canciones, rondas y juegos grabados, equipo de música, entre otros elementos.



Clasificación de los libros

Se recomienda clasificar los libros junto con los niños para que se familiaricen con la agrupación del material. En una primera etapa, los ordenarán por tamaño, por tapas (duras y blandas), por personajes u otros criterios sencillos como libros, revistas, colecciones, etcétera; en una segunda etapa, lo harán por temas, géneros y campos de conocimiento. Cuando los chicos hayan probado distintas formas de organización del material de la biblioteca, se avanzará a la utilización de los códigos de colores (pequeñas tiras de colores que se pegan en el lomo) para identificar a qué grupo pertenece cada libro. A propósito de esto, recomendamos:

• Identificar todos los libros de la biblioteca con el sello de la institución en la portada, arriba a la derecha.

• Inventariar todos los libros, registrando sus datos en una planilla.

• Colocar en la parte interna de la contratapa, un sobre de papel con una tarjeta donde se registrarán los datos del libro, del alumno y de la fecha de préstamo.

• Clasificar todos los libros de acuerdo a la tabla de colores que se sugiere más adelante.

• Registrar en lápiz, en la portada del libro, el color de la etiqueta. Utilizar las dos primeras letras del color. Este procedimiento permitirá reemplazar la cinta por cualquier miembro de la institución en caso de perderse.

• Etiquetar el material utilizando cinta aisladora, de papel o papel afiche y cinta plástica en el extremo inferior.

• Ubicar los libros en los estantes por el código de color, así quedará ordenado por género y, dentro del género, por tema.

• Señalizar los estantes con viñetas o dibujos que faciliten la ubicación de los libros.




Código de color para la literatura







En las actividades de clasificación y reclasificación, el docente regulará el tiempo para que todos los niños tengan la posibilidad de explorar, identificar, seleccionar y convenir criterios que ayuden al reconocimiento autónomo de los libros. Por otro lado, es importante destacar que estas actividades activan distintas estrategias cognitivo-lingüísticas como: anticipar, comparar, agrupar, elaborar hipótesis, deducir, justificar y acordar significados.

Elaboración del reglamento de la biblioteca

Sugerimos elaborar las normas de uso y cuidado de los libros  junto con los niños/as reflexionando sobre cómo mantenerlos en buen estado para que todos los podamos leer, compartir y disfrutar. De igual modo, el reglamento incluirá los acuerdos del grupo con respecto al préstamo domiciliario, es decir, los días en que se permitirá la salida de los libros, los días de su devolución, las formas adecuadas para resguardarlos, previendo qué se deberá hacer cuando se extravíe o dañe alguno de los materiales. Este reglamento se puede ubicar en un lugar próximo a la biblioteca y a la vista de todos para que cada uno tenga presente el compromiso que asumirá con respecto al cumplimiento de las normas acordadas.

Préstamo de libros

El préstamo de libros es uno de los servicios básicos que debe ofrecer la biblioteca para involucrar a los padres en el proceso lector de sus hijos, motivándolos a compartir lecturas con ellos. El registro de los libros prestados permite, además de extender el hábito lector al ámbito familiar, enseñar a los niños cómo circulan socialmente los libros e identificar las predilecciones de los lectores para ofrecerles otros textos que amplíen su universo lector. 

En cuanto a la actividad específica de la biblioteca existen diferentes modalidades para realizar el préstamo de manera ordenada:

Planillas de préstamo con los datos del alumno, fecha de salida, número de inventario del libro, fecha de devolución y firma.

Fichas personales con los datos del alumno y de los libros prestados: nombre del niño/a, nombre de la sala, ciclo lectivo, fecha de préstamo, título del libro, comentarios personales. Las fichas se ordenan alfabéticamente en un fichero y en un lugar accesible para que los chicos puedan ubicarlas con facilidad.

Carnets de socios con los datos personales de cada alumno: nombre de la escuela y de la sala, número de socio, nombre del niño/a. A modo de identificación, se puede agregar una foto-carnet, logo de la sala o de la escuela, o un autoretrato que ellos mismos pueden dibujar.




Presentación de los libros

A fin de motivar el interés y el gusto por la lectura autónoma, es necesario provocar la curiosidad y el deseo por conocer y aprender. Para esto sugerimos organizar distintas formas de presentación de los libros de la biblioteca, tanto las nuevas adquisiciones como los que “duermen” en los estantes porque su apariencia es poco atractiva:

Presentación por paratextos: el docente selecciona un libro por sus características paratextuales, es decir, por el soporte material del texto que incluye tanto los elementos verbales (título, subtítulo, dedicatoria, prólogo, índice, notas, bibliografía, glosario, apéndice, epígrafes) como los elementos icónicos que remiten a la gráfica del libro (tapa, contratapa, solapas, ilustraciones, diseño gráfico y tipográfico, formato y tipo de papel). Después muestra la tapa del libro a todos los niños, indicando el título, el autor, el ilustrador, la editorial y la colección. Los invita a realizar anticipaciones acerca de su contenido global a través de preguntas y repreguntas orientadoras; a hojearlos y realizar sus propias lecturas. Esta actividad permite que los chicos lean imágenes, activen conocimientos previos relacionados con los datos que aportan los elementos paratextuales, procesen esa información y elaboren hipótesis acerca del contenido del texto. Sin embargo, cabe aclarar que este trabajo se regulará de acuerdo con las necesidades e intereses de los chicos o planificándolas  de manera periódica, por ejemplo: una vez por semana “El día de las tapas”, “El día de las ilustraciones”, “El día de las contratapas”, etcétera.

• Presentación por tema: el docente reúne una serie de libros que tienen un eje temático común y los presenta resaltando esa particularidad: “los de miedo”, “los de animales”, “los de aventuras”, “los del mismo personaje” o “las distintas versiones de una misma historia”. Estos recorridos de lecturas, además de ampliar y enriquecer el universo literario de los niños, habilitan “un viaje de placer a través del cual el niño accede al mundo de las lecturas y de las culturas” y dan pistas sobre cómo satisfacer sus intereses y expectativas de lectura.

• Presentación por género: el docente selecciona libros que pertenecen al mismo género (cuentos, poesías, teatro, historietas, adivinanzas, coplas, trabalenguas, diarios, revistas, enciclopedias, textos expositivos sobre temáticas y disciplinas variadas) para que comparen, diferencien, relacionen y conozcan la multiplicidad de discursos sociales que circulan en el campo de la cultura escrita.

• Presentación por fragmento: el docente lee diariamente un fragmento o capítulo de una novela para pequeños con el propósito de crear la necesidad de escuchar, conocer, comprender y compartir todo lo que puede ofrecer un texto cuando es leído con emoción, cariño, disposición y pasión.

  • Presentación de libros informativos: el docente  los puede introducir cuando expone un tema de interés del grupo, o bien, plantear una situación problemática vinculada con el contenido de la unidad didáctica que se va a abordar, o que ya se está desarrollando, e invitarlos a explorar el material de la biblioteca (libros, catálogos y otros portadores de textos) para encontrar la información que precisan.


Estas presentaciones pueden ser una oportunidad para conocer el material novedoso de la sala o de la escuela, descubrir y recuperar el interés por los libros poco solicitados, iniciar un itinerario de lectura relacionando la temática de un libro nuevo con otro viejo pero de gran valor literario. También se pueden organizar rondas de presentación de libros donde cada niño/a recomiende el que más le gustó o invitar a la bibliotecaria de la escuela, maestros, alumnos de otros niveles, padres, abuelos, hermanos u otras personas del ámbito familiar para presentar y leer un libro de su interés.



Exploración del material

La organización de los libros de manera diferente en los estantes de la biblioteca, al igual que la exposición del material en una mesa y la circulación de libros a través de bibliotecas ambulantes (cajas, valijas, mochilas u otros contenedores) son estrategias que promueven el contacto directo, autónomo y personal con el objeto-libro, esto es: curiosear, buscar, manipular, hojear, conocer, disfrutar, comentar, opinar, intercambiar y recomendarse textos en un clima de libertad y confianza.

Si bien en este nivel educativo, los niños no realizan lecturas convencionales, recomendamos habilitar y sistematizar momentos de lectura autónoma en las mesas de trabajo, en la alfombra o ámbito creado para tal fin para fortalecer el contacto placentero con las letras, las palabras y la direccionalidad de la escritura y la lectura. Se trata, en definitiva, de iniciarlos en la comprensión de la función comunicativa, social y cultural del lenguaje escrito.

En resumen, la organización y la exploración del material de la biblioteca con diferentes propósitos es una forma de anclar el libro en la vida cotidiana de los niños para que se conviertan en una fuente de placer, en un instrumento de referencia y en un ensanchamiento de la experiencia personal, todo esto, mientras desarrollan el juicio crítico comparando libros con otros lectores .




Itinerarios de lectura

La formación del lector requiere que el docente seleccione los textos que más se adecuen a las necesidades, intereses, expectativas y competencias lectoras de su grupo de alumnos. Con esta intención, hoy se recomienda la organización de trayectos o itinerarios de lectura, es decir textos seleccionados por autor, por tema, por género o un subgénero (cuento maravilloso, fábula, leyenda), por personaje, por culturas u otros criterios que favorezcan el ingreso de los niños al mundo de las letras confrontando textos que abordan contenidos semejantes pero desde perspectivas diferentes. Estos recorridos de lectura abren la posibilidad de convocar a otros textos, estableciendo relaciones significativas entre ellos para ampliar el universo lector de los niños de manera compleja, desafiante y placentera. Esto ofrece, sin dudas, un buen andamiaje para preparar el camino hacia una lectura rica y personal a lo largo de toda la vida.

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