lunes, 4 de enero de 2010

Mis maestros



Carlos Baires, seudónimo de Ricardo Alonso (1925-1974), caricaturista colaborador del diario Jornada de la ciudad de Trelew (1964), ilusionista y presdigitador (1949), gran contador de cuentos y maravilloso tío que me introdujo en el fascinante mundo de narrar historias.


















Ana Padovani (foto), Delia Maunás y Paula Martín prestigiosas narradoras y formadoras de narradores con quienes aprendí las primeras reglas del arte de contar cuentos.







María Héguiz, narradora de voz exquisita, maestra de maestras y bella persona que me enseñó a transitar el camino de la narración oral tendiendo puentes desde lo más íntimo de cada ser humano.







Inés Bombara (Buenos Aires), Laura Casariego (Playa Unión), Anyela Cuellar Ramón (Viedma) -foto-, Angélica Azkar y Martín Corona (Mexico), Marco Antonio Molina y Nolimar Suárez (Venezuela), Patricia Orr, Silvia Ponce, María Laura Vazquez, Inés Martino y Oscar Gay (Buenos Aires), Daniel Etcheverry (Viedma) y Miguel Oyarzabal (Puerto Madryn) con quienes compartí enriquecedoras experiencias en el Primer Encuentro Internacional de Narradores Orales (agosto 2008).






Miguel Oyarzabal y Laura Dinappoli quienes me invitaron a participar en su recital Como hermanos durante el XXV Encuentro de Escritores Patagónicos (agosto 2009).







Ruben Meraldi, Roberto Sancho, Graciela Mussoto y Mónica Ferro, compañeros del grupo de teatro 5 Sesiones con quienes me inicié en el trabajo artístico profesional compartiendo utopías, escenarios y nuevas formas de representación teatral.









Lyliam Secco, directora del Grupo de Mimos de la Universidad Nacional de la Patagonia, y todos mis compañeros de elenco con quienes aprendí a contar historias con el lenguaje corporal.






Eugenia Torrejón, profesora de Expresión Corporal que me alentó a estudiar y capacitarme permanentemente tanto en el ámbito académico como en el artístico.








Mis hijas Araceli y Maiara; mis sobrinas Bethania, Bahiana, Belinha, Magaly, Ayrton y el pequeño Kai por regalarme sus sonrisas y sus corazones abiertos a otros mundos posibles.








Y por supuesto, todos los chicos que todas las semanas mantienen viva mi imaginación, mi capacidad de juego y de asombro.

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